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¿¿¿CÓMO ESTÁN USTEDES ???


El grito de guerra de los payasos y la no menos atronadora respuesta de cientos de miles de niños resonaban, en las sobremesas de los sábados, en  toda España. Los años setenta aún no habían cumplido su primer lustro y la televisión era todavía en blanco y negro.
Para llegar a este éxito, de apariencia fulminante, Gaby, Fofó y Miliki, a los que se unirían, más tarde, Fofito y Milikito, -Los payasos de la Tele-, hubieron de recorrer un largo camino.

UNA DINASTÍA
Herederos de una estirpe circense de rancio abolengo, que se remonta siglo y medio, hasta el Grand Cirque Fouraux, fundado por un miembro de la familia real sueca, hijos del gran Emig, sobrinos de los geniales Pompoff y Teddy y primos de Zampabollos y Nabucodonosorcito, los Aragón Bermúdez tuvieron que hacer un -corto- viaje de ida y vuelta a América de más de un cuarto de siglo, para llegar a contradecir el aserto popular de -Nadie es profeta en su tierra-.

Gaby, Fofó y Miliki comenzaron a recorrer la España desolada de 1939, con el ligero equipaje de sus narizotas rojas y un puñado de ilusiones. En 1946 recibieron la llamada de América y hasta allí se fueron, con un contrato de cuatro meses, para actuar en Cuba. Los meses se fueron prolongando y, al final, se convirtieron en 14 años.

EL LARGO CAMINO A CASA
En La Habana se encontraron con la balbuceante eclosión de un nuevo medio de comunicación: la televisión. En 1949, con las primeras emisiones, descubren su buena química con el invento, convirtiéndose, sin lugar a dudas, en los primeros payasos -catódicos- españoles.

Mientras en nuestro país la televisión aún tardará casi dos lustros en tener emisiones regulares, los Aragón son llamados de México, Venezuela, Santo Domingo, Puerto Rico o Estados Unidos, países a los que ha llegado la fama televisiva adquirida en el Canal 6 de la Cuba prerevolucionaria.

El bombazo se produce en 1970 en Argentina, en cuyo Canal 13, durante dos años se convierten en auténticas estrellas. Será un hecho fortuito ocurrido en la capital rioplatense el que les facilite el deseado regreso a casa.
Varias películas, entre ellas la que emite CINE DE BARRIO, más de treinta elepés y casetes, la mayor parte con composiciones propias, cientos de canciones...Es el delirio, cuando en un -vino español- que da la Embajada de nuestro país en Buenos Aires, con motivo del -Día de la Raza-, en una conversación intrascente, el entonces Ministro de Trabajo Licinio de la Fuente, les pregunta si -quieren algo de España-. La respuesta, entre bromas y veras, es bastante concreta: -¿No es usted Ministro de Trabajo?. Pues eso es lo que queremos-. La oferta de TVE les llega en una semana. Así eran las cosas en 1973.
EL GRAN CIRCO DE TVE

En marzo llegan a Madrid para grabar una serie de trece programas. Lo hacen y luego cruzan de nuevo el charco para cumplir un contrato de un año en México, que se reduce a tres meses a causa del febril ritmo productivo de la televisión azteca, que graba a razón de tres programas diarios. Esta contrariedad se convertirá, sin embargo, en conveniencia más tarde.
En su ausencia, en España, ya se han convertido en un fenómeno de masas. Llamados de nuevo, retornan, en agosto, y comprueban por sí mismos que hasta los guardias civiles les gritan ¿Cómo están ustedes?. A finales de septiembre ya están grabando, en la TVE que dirige Miguel Angel Toledano, a las órdenes del realizador Manuel Ripoll. Los seis meses siguientes los pasarán en el plató-carpa construído por TVE.
Sus programas, cuyos guiones crean colectivamente, incorporan, en un novedoso formato, la participación de otros artistas. Suelen pivotar sobre media docena de efectos cómicos fuertes, sobre los que giran las canciones y los números sueltos. El impecable chaqué de Gaby, y las pelucas, narizotas y largas camisetas, a lo Charly Rivel, que se revelarían rojas con el tiempo, de Fofó, Miliki y también Fofito, se pasearán triunfales, durante casi una década, por los platós de TVE.
La súbita desaparición de Fofó, el 22 de junio de 1976 y la incorporación de Milikito, entonces silente, pese a lo mucho que habría de dar que hablar con posterioridad, que suplía su mudez con una memorable campana de resonancias -marxistas-, serán los hitos de esa época, cuyos rápidos cambios de referente social arrastrarán también a los payasos.